Sembrando granos de esperanza

Historias, Personas, Prosperidad

Durante la mayor parte de sus 52 años, Benjamina Gonzalo se dedicó al cultivo de quinua primera calidad. Sin embargo, mientras las exportaciones de este “súper cereal” crecieron exponencialmente en los últimos años, esto no significó una mejor calidad de vida o mayores ingresos para los miles de productores en las regiones rurales del país.

Actualmente, Perú es el mayor productor de quinua en todo el planeta, seguido por Bolivia. Los dos países representan 80 por ciento del comercio mundial. No obstante, en las regiones de Ayacucho y Puno, donde se cultiva más 78% de toda la quinua peruana, los niveles de pobreza y pobreza extrema aún se encuentran entre los más altos del país. Hace dos años, esto empezaría a cambiar.

BROTAN NUEVAS OPORTUNIDADES

Junto a Benjamina, 2350 agricultores en Ayacucho y Puno se sumaron al Programa Conjunto de Granos Andinos, una iniciativa de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización de las Naciones Unidas para Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), en alianza con el Gobierno del Perú, que busca potenciar el conocimiento tradicional y el expertise agrícola de las comunidades en zonas rurales a través de la formalización, la cooperación y la mejora de las técnicas de producción.

“Aprendimos a distinguir y seleccionar los diferentes tipos de semillas, y la calidad de grano que es más requerido en el mercado, entre otras cosas. Ahora sabemos las propiedades de cada una y sus beneficios”, explicó Nina.

Con nuevas capacidades, los productores y productoras obtienen cosechas de mayor calidad y con mejor rendimiento, y se encuentran en una mejor posición para negociar precios en el mercado. Y los resultados ya están brotando, solo en el primer año, los ingresos de las comunidades aumentaron en más de 22%; y entre 2015 y 2016, como resultado de una campaña impulsada en el marco del Programa, se exportaron 23 toneladas de quinua orgánica con certificación a los mercados de Estados Unidos, Europa y Brasil.

PROTAGONISTAS DE DESARROLLO

Uno de los principales obstáculos que enfrentan los pequeños productores para crecer, no solo en Ayacucho y Puno – sino en todo el Perú, es la falta de capacitación para mejorar su productividad y la calidad de su cosecha. En Perú, solo 1 de cada 20 agricultores recibe este servicio. Además, el acceso limitado al crédito y el poco conocimiento sobre cómo introducir sus productos a nuevos mercados generan, en muchas ocasiones, dependencia de intermediarios que sí poseen los recursos para movilizar, almacenar y vender los productos a consumidores finales. Como consecuencia, el arduo trabajo de agricultores como Nina se traduce en una economía de subsistencia, pero no en una oportunidad para generar desarrollo.

Para enfrentar este desafío, el Programa incentivó la creación de Uniones de Crédito y Ahorro (ÚNICA), cooperativas conformadas por miembros de la comunidad, quienes se asocian voluntariamente para impulsar desarrollo. Las ÚNICAS sirven como pequeños bancos autogestionados, y proveen el soporte financiero que la comunidad necesita para cerrar las brechas de recursos y llevar sus productos a mercados más competitivos.

“La venta directa desde el productor al consumidor final es una buena iniciativa, bien sea para el mercado nacional o de exportación, ya que nos proporciona lo que siempre hemos deseado: una mayor rentabilidad de nuestro producto.”, cuenta Candy Condori, agricultora de quinua.

El Programa también ayudó a capacitar a más de mil agricultores y agricultoras en el cultivo orgánico de quinua, fortaleciendo sus capacidades a lo largo de todo el proceso de producción: desde la selección de semillas de calidad hasta la certificación internacional de su cosecha, lo que no solo les permitió generar valor agregado y mejorar sus ingresos, sino también garantizar el cuidado de los suelos y el recurso hídrico. Este aprendizaje se realizó en Escuelas de Campo, “aulas sin paredes” donde los propios agricultores son protagonistas de sus aprendizajes.Hoy, las comunidades se han vuelto protagonistas de su propio desarrollo, libres de intermediarios. Productos de la cooperativa Campo Verde, creada en el marco del Programa, son utilizados en los restaurantes de Gastón Acurio, el chef peruano de mayor renombre a nivel internacional.

MUJERES EMPODERADAS

Si en el Perú el mundo rural experimenta mayores brechas de desarrollo, son las mujeres las que se llevan la peor parte. Aunque representan el 31% del trabajo agrícola en el país, pocas veces son dueñas de la tierra que cosechan; y llevan además la responsabilidad no remunerada de cuidar la familia.Más del 50% de participantes del Programa en Puno y 42% en Ayacucho eran mujeres, y muchas de ellas asumieron cargos de liderazgo dentro de sus ÚNICAs, lo que ha empezado a transformar su capacidad de toma de decisión en sus familias y la comunidad.

Las “mamachas” – como se conocen localmente las mujeres que cultivan – lograron acumular un capital de 16.000 soles (cerca de 4.800 dólares) en la Unión de Crédito y Ahorro (UNICAS), que utilizaron para comprar fertilizantes naturales para proteger sus cultivos, nuevos insumos y animales para sus granjas.“No teníamos muchos conocimientos sobre el acceso al financiamiento. Sin embargo, gracias al programa y a la formación que recibimos, descubrimos a ÚNICAS, lo cual nos permitió ahorrar y administrar nuestro dinero”, mencionó Nina.

UNA MISIÓN COMPARTIDA

“Esta iniciativa nos demuestra cómo la experiencia y los conocimientos específicos de diversas agencias de Naciones Unidas generan cambios. Grupos muy desfavorecidos, como las mujeres rurales, pudieron ser alcanzadas por un gran número de servicios de la ONU”, declaró John Bliek, Especialista de la OIT y responsable del proyecto.

Junto al Programa de Granos Andinos, las comunidades de Ayacucho y Puno han descubierto cómo trabajar en alianza puede tener mayores impactos. Y aunque sus dos años de duración pueden sentirse cortos, han logrado sembrar nuevas oportunidades en miles de familias, y su progreso ya está inspirando a nuevas comunidades a construir un futuro mejor.

 Este artículo fue publicado previamente en ONU Perú